Conferenciante: Antonio Guillén-Servent. Investigador del INECOL
¿Te has puesto a pensar por qué hay partes en tu cuerpo que no sirven para nada o para casi nada? Son los llamados órganos vestigiales y serín el tema de la charla de Antonio Guillén, quien ofrecería la charla “Los torpes, derrochadores y erráticos trabajos de la naturaleza: rudimentos, atavismos y diseños orgánicos imperfectos como huella de la evolución”, el jueves 3 de septiembre, en la Galería de Arte Contemporáneo de Xalapa, a partir de las 19 horas, como parte del coloquio Evolución Biológica y Humana: Alcance y Controversias en el Bicentenario de Darwin.
Aunque muchos de estos rasgos anatómicos del cuerpo humano ya habían sido mencinados por Charles Darwin en su obra de 1871 “The descent of man”, resulta curioso darse cuenta de que estos órganos –en apariencia obsoletos- persisten en nuestro acervo genético y aparecen (o desaparecen) a lo largo de las generaciones.
Para no entrar en más complicaciones tomaremos dos ejemplos. Uno es el de los terceros molares, más conocidos como “muelas del juicio”. El otro es el apéndice vermiforme, apéndice cecal o simplemente apéndice, un tubo sin salida conectado al ciego, en nuestro colon o intestino grueso. Ambas estructuras parecieran tener como única función asegurar el salario de los médicos.
En cuanto a las muelas del juicio al parecer sólo el 5% de la población cuenta con un juego sano de estos terceros molares. Se podría pensar que se les denomina muelas del juicio por las terribles molestias que provocan, pero no es así. Se les conoce tradicionalmente como muelas del juicio porque aparecen cuando una persona está ingresando a su etapa adulta (entre los 15 y 25 años de edad), y supuestamente es cuando posee “más juicio” o sentido común.
Se cree que estos molares se desarrollaron hace miles de años cuando el ser humano necesitaba de una masticación más fuerte, pues su alimentación era principalmente a base de alimentos crudos. Hace un par de décadas, extraer una muela de juicio es el procedimiento más común que realizaban los dentistas y evitarse los problemas de caries que –voluntariamente- enfrentamos en estos órganos.
Por su parte el apéndice es un tubo sin salida conectado al ciego, del cual procede embriológicamente. Esta latosa “tripa” mide en los adultos unos 10 cm. de largo, aunque puede variar entre los 2 y 20 cm. El diámetro del apéndice es normalmente menor de 7 u 8 mm. En la mayoría de la gente, el apéndice se encuentra en el cuadrante inferior derecho del abdomen, aunque en algunas personas –pocas- puede encontrarse en la parte inferior izquierda.
Actualmente la función del apéndice, si la tiene, es un asunto de controversia en el campo de la fisiología humana. Las hipotéticas funciones que podría realizar el apéndice van desde la linfática, exocrina o endocrina hasta la neuromuscular. Sin embargo, la mayoría de los médicos y científicos sostienen que el apéndice carece de una función significativa, y que existe fundamentalmente como un órgano vestigial remanente de un gran intestino lleno de cavidades grandes que permitían a nuestros ancestros h
erbívoros digerir la celulosa.
Sin embargo actualmente investigaciones recientes han demostrado que en los lactantes funciona como válvula de escape para los gases, ya que su alimentación es plenamente láctea. Los adultos en general nos acordamos de él cuando un fuerte dolor en el abdomen nos lleva al hospital de urgencias ¡para ser sometidos a una apendicectomía!
“Los genes también guardan instrucciones rudimentarias, las cuales ocasionalmente reaparecen en forma de atavismos”, nos dice Antonio Guillén. “Todo ello resulta del trabajo de ese "ingeniero ciego" que es la combinación de la mutación con la selección natural, y que trabaja sobre la variación en las estructuras preexistentes, transformando los cuerpos, los comportamientos y las funciones a través de las generaciones. Estos rudimentos, atavismos y diseños imperfectos constituyen una huella indeleble de la evolución por selección natural, y nos permiten inferir las relaciones evolutivas entre los organismos.”

La estructura y función de los seres vivos es de una complejidad y sofisticación sorprendentes. La organización y funcionamiento de los más simples organismos unicelulares supera con creces a la más compleja de las máquinas construida
s por el hombre. El robot más sofisticado no puede emular el funcionamiento del más simple de los insectos.
El grado de complejidad de las plantas y animales más visibles representa un sueño todavía claramente inalcanzable para los ingenieros e informáticos humanos. Antes de que la ciencia alcanzara cierta capacidad de observación, y de Charles Darwin desarrollara la idea de la selección natural, este nivel de complejidad que muestra el mundo vivo parecía requerir la participación de un ingeniero de facultades sobrehumanas
En el curso de la plática se discutirán otros ejemplos más o menos llamativos de rudimentos, atavismos y diseños imperfectos, principalmente del cuerpo humano, y cómo su existencia nos remite a una herencia desde ancestros compartidos con todos los demás organismos, algunos más o menos cercanos en parentesco y apariencia, y otros mucho más distantes.
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